A Posibilidad Translation from La Jornada

September 14, 2005 

In an op-ed by Alejandro Nadal, he says that poverty in the US under the Bush Administration increased by 12%.  We’re talking about 37 million people.  Katrina has pointed out that we’ve abandoned the poor says Nadal.  

Inequality, racism and poverty aren’t something peculiar to New Orleans.  All US cities are marked by pockets of poverty and abandonment: Detroit, Baltimore, Chicago, Philadelphia, even Phoenix and Denver in the southeast and central part of the US.  Even the very Capital of the US suffers from an infant mortality rate is almost twice as high as Beijing.  The whole south has never recuperated from the Civil War some 145 years ago. 

Things have gotten worse says Nada over the last two decades due to what is know in Europe and the American Model, a political economic paradigm based the absolute flexibility in the labor market.  And that flexibility in the labor market comes down to the power to “hirer and firer” without restrictions.  According to those who believe in this idea this would have permitted the United to reach full employment in the 90s.  So at the same time Europe stopped its social plan of solidarity, the United states would have given a boost toward full employment with the macroeconomic implications of Keynesianism             

That interpretation is wrong.  It wasn’t the salvage rush in the “flexible” labor market that brought on high levels of employment in the 90s.  To begin, unemployment went up in recent years to level of 5% and 6% of the labor force and one can’t say that the labor became more rigid en that period. 

The high levels of employment in the US economy in the 90s should be attributed to other factors.  The most important is the level of consumption and unchecked growth of credit, favored by monetary authorities of the US.  The expansion of credit has been the motor of an effect demand that many analysts say are unsustainable.  But for sure is that that aggregate demand, based on alarmingly high levels of private debt, is what permitted the US economy to grow and generate jobs.  Of course, one is able to think precisely that way as the invisible hand of the market functions.  But the big question is when will expansive bubble of credit and consumption burst?  After everything the invisible hand of   too functions on crisis and recessions. 

THIS IS POINT THAT I BELIEVE IS IMPORTANT:  The US economy rests in two additional considerations in order to unravel what happened in the labor market.  One of them is the colossal penitentiary system: in 2004 there 2.2 million people behind bars in Federal and State prisons (490 people out of every 100,000 inhabitants).  The other system is the armed forces, in which are found 1.5 million of working age.  These two institutions allow them to be removed from unemployment statistics youth who can’t find work easily.  Here the flexible labor force doesn’t play any role.

Today the United States can be seen as a macro-economic model since 1980 that worsened an unequal society marked by poverty and racial discrimination.  In 1980, five percent of the richest people that had incomes 12 times more than the poorest 20%.  And in 2004 that disparity was twenty times higher.  This indicates that the gap between rich and poor almost doubled in the past two decades.  But that isn’t the worst.    

It’s well know that rate of national savings in the United States has fallen in the last 10 years to 9 percent of disposal income to negative levels.  Consumption is financed by capital entering the country and US external accounts are the reason for alarm.  And what should we attribute the fall in savings accounts?  Data from the Federal Reserve indicates that 20 percent of the wealthiest population (where the owners of some 63% of the wealth are found) is also responsible for 46 percent of all US consumption.    And the totality of the national savings rate in the last decade is due precisely to the conduct of that segment of the population.  In contrast, the poorest 20 percent increased their savings to 7 percent of their disposable income. 

Meanwhile the rich continue a life of extravagance, the Federal Government favors reducing taxes and punish the poorest in cuts in social programs.  Katrina uncovered the true face of the US Model. 

 

http://www.jornada.unam.mx/2005/09/14/031a1eco.php

Miércoles 14 de septiembre de 2005

Alejandro Nadal

Cuentos del American model

El mismo día en que se rompieron los diques y se inundó Nueva Orleáns, la Oficina de Censos de Estados Unidos dio a conocer su más reciente informe sobre pobreza y desigualdad. El paisaje no es agradable. El número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza aumentó 12 por ciento bajo la presidencia de Bush y alcanzó la cifra de 37 millones. El huracán Katrina sólo descubrió lo que ya se sabía: la sociedad estadunidense ha dejado en el abandono a una parte importante de la población.

La desigualdad, el racismo y la pobreza no son exclusivos de Nueva Orleáns. Todas las ciudades importantes de Estados Unidos están marcadas por bolsas de miseria y desamparo: desde Detroit, Baltimore, Chicago y Filadelfia en el norte, hasta Phoenix y Denver en el suroeste y centro del país. La propia capital federal adolece de una tasa de mortalidad infantil casi dos veces más elevada que la de Beijing. En el sur todos los indicadores sociales han mostrado siempre un rezago frente a los estados norteños. Se puede decir que la región nunca se recuperó de la Guerra Civil de hace 145 años.

Las cosas empeoraron en las pasadas dos décadas debido a lo que se conoce en Europa como el American model, un paradigma de política económica basado en la flexibilidad absoluta del mercado laboral. La flexibilidad en el mercado laboral se traducía en la posibilidad de "contratar y despedir" sin restricciones. Según los seguidores de esta idea, eso habría permitido a Estados Unidos alcanzar el pleno empleo en los años 90. Así, mientras Europa seguía atorada en su esquema social de solidaridad, Estados Unidos habría dado un salto hacia el pleno empleo sin las complicaciones macroeconómicas del keynesianismo.

Esa interpretación está equivocada. No es la carrera salvaje en el mercado laboral "flexible" lo que permitió alcanzar altos niveles de empleo en los 90. Para comenzar, el desempleo aumentó en los años recientes hasta niveles de 5 por ciento y 6 por ciento de la fuerza de trabajo y no se puede decir que el mercado laboral se hizo más rígido en este periodo.

Los altos niveles de empleo en la economía estadunidense en los 90 se debieron a otros factores. El más importante es el nivel de consumo y el crecimiento desenfrenado del crédito, favorecido por las autoridades monetarias de ese país. La expansión del crédito ha sido el motor de una demanda efectiva que muchos analistas juzgan insostenible. Pero lo cierto es que esa demanda agregada, basada en niveles alarmantes de endeudamiento privado, es lo que permitió a la economía estadunidense crecer y generar empleos. Claro, se puede pensar que es precisamente así como funciona la mano invisible del mercado. Pero la gran pregunta es cuándo reventará la burbuja expansiva del crédito y el consumo. Después de todo, la mano invisible también funciona con crisis y recesiones.

La economía estadunidense descansa en dos mecanismos adicionales para disfrazar lo que realmente ocurre en el mercado laboral. Uno de ellos es el colosal sistema penitenciario: en 2004 había 2.2 millones de personas purgando penas en prisiones federales y estatales (490 personas por cada cien mil habitantes). El otro sistema es el de las fuerzas armadas, en donde se encuentran 1.5 millones de personas en edad de trabajar. Estas dos instituciones permiten sacar de las estadísticas de desempleo a muchos jóvenes que no encontrarían un trabajo fácilmente. Aquí la flexibilidad laboral no juega ningún papel.

Hoy Estados Unidos observa cómo el modelo macroeconómico aplicado desde 1980 engendró una sociedad desigual, marcada por la pobreza y la discriminación racial. En 1980, el 5 por ciento más rico de la población tenía ingresos 12 veces superiores a los del 20 por ciento más pobre. Y en 2004 esa disparidad fue veinte veces más alta. Eso quiere decir que la brecha entre ricos y pobres casi se duplicó en las pasadas dos décadas. Pero eso no es lo más grave.

Es bien sabido que la tasa de ahorro nacional en Estados Unidos ha caído en los pasados 10 años de 9 por ciento del ingreso disponible a niveles negativos. El consumo se está financiando por entradas de capital y las cuentas externas estadunidenses son motivo de alarma. ¿A qué se debe la caída en la tasa de ahorro? Datos de la Reserva Federal muestran que el 20 por ciento más rico de la población (en donde están los dueños de 63 por ciento de la riqueza) es también responsable de 46 por ciento del consumo total en Estados Unidos. Y la "totalidad" de la caída en la tasa de ahorro nacional en el pasado decenio se debe precisamente al comportamiento de este segmento de la población. En contraste, el 20 por ciento más pobre aumentó su tasa de ahorro hasta 7 por ciento de su ingreso disponible.

Mientras los más ricos se dedican al dispendio, el gobierno federal les favorece con reducciones de impuestos y castiga a los más pobres con recortes en los programas sociales. Katrina puso al desnudo la verdadera cara del modelo estadunidense.

 

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